La propuesta insostenible de la oposición

La cuestión importante y que no tiene explicación es cómo los mismos que se oponían a la nacionalización de los AFJP, los mismos que congelaron las jubilaciones, o los que bajaron el 13% de esas mismas jubilaciones mientras fueron gobierno ahora aparecen como abanderados de los jubilados con del 82% móvil.

Con el proyecto nacional que encabezamos se lograron 15 aumentos por decreto, se incluyeron 2 millones y medio de jubilados que no tenían aportes, muchas veces no porque no quisieran aportar sino porque el que no aportaba era el patrón, e  hicimos realidad una Ley en movilidad jubilatoria que permitió que el haber mínimo pasara de 150 pesos a 1.100 pesos.

Todo esto aún no es suficiente, tenemos que seguir trabajando para lograr todavía mucho más, pero las medidas de justicia social que nosotros impulsamos las llevamos adelante en un marco sustentable y de crecimiento.

Hay que salir de la instantaneidad, de la inmediatez sin pasado y sin futuro que propone la oposición, para tener un análisis político completo de la situación actual. Nosotros vamos a defender la posición del gobierno y vamos a decir que el 82% es suicidario para el sistema de jubilaciones porque no hay sustentabilidad alguna en la propuesta que hace la oposición, aunque ellos no tengan el coraje de reconocerlo.

La batalla cultural

En términos económicos, el peronismo se resume al pleno empleo, ese es su propósito, ese es su eje, su ADN, económicamente hablando. No obstante, el pleno empleo es mucho más que una variable económica, es ante todo una construcción cultural.
Ese es el motivo por el que nosotros tenemos que obrar de modo tal que la cultura política, económica, social propenda a ese objetivo y lo convierta en algo legítimo, en algo con lo que los argentinos no podamos vivir.
Si nosotros no logramos establecer una cultura de la distribución económica en la sociedad argentina no vamos a poder mantener la distribución del ingreso en nuestro país. Del mismo modo, no hay una distribución de la palabra si no hay una distribución de la cultura.
Sin la legitimación de estas ideas no habremos ganado la batalla cultural. Entonces retrocederemos y estaremos condenados como Sísifo a empujar nuevamente la piedra hacia la cima cada vez que esta cae por la montaña. En tal caso no importa, podemos hacerlo, pero bastaría que una vez funcione para volver a ser un país moderno.

Por un capital cultural propio

Si nosotros no producimos cultura vamos a distribuir y consumir sólo la cultura que provenga de afuera, lo que tarde o temprano deviene en aculturización. De este modo, vamos a desconocer nuestras propias realidades, nuestros propios símbolos, nuestras maneras de hacer, nuestros propios problemas.
Es muy fácil sumergirse en esta aldea global inter-comunicada y tomar como propios problemas que quizás no sean los más urgentes para nuestras comunidades, ni para nuestro país.
La Ley de medios nos da la posibilidad histórica de comenzar a producir contenidos propios, a distribuirlos y también a enseñar a consumirlos. Sobre todo en los más jóvenes que tienen que aprender a consumir la cultura de otro modo.
La cultura es un capital y, al igual que el capital económico y financiero, el capital cultural es poder. Lo que nosotros intentamos hacer con esta Ley es distribuir ese poder, distribuir el poder de la palabra, ni más ni menos.

La excusa del arco opositor

El arco opositor y sus allegados pretenden sembrar un  manto de sospecha sobre el Senado de la Nación porque lo cierto es que los números no les dan. La compra de voluntades es la excusa que formulan para justificarse.
Luego de haberse jactado de poseer una mayoría parlamentaria cómoda tras las elecciones legislativas del 28 de junio de 2009 y luego de haberse arrogado de modo irregular el manejo de las comisiones del Honorable Senado de la Nación en un puro acto de bulimia de poder, los números no les dan.
La oposición cuenta con una gran virtualidad puesto que no es más que un conglomerado y es ahí donde hay una falta de homogeneidad política capaz de expresar un proyecto político coherente.
Nosotros conducimos y peleamos en base a argumentos y convicciones, por esa razón nuestra denuncia radica en que si saben algo, como dan a entender, entonces que lo digan con nombre y apellido porque acá no hay nada que esconder.

La batalla por la distribución del ingreso

Esta es una pelea por la moneda, pero no por la moneda entendida como “el billete” que todos conocemos, sino por el manejo de la distribución del ingreso, el manejo de la distribución de esos billetes. Quién maneja la emisión de moneda, quién maneja la política monetaria, es el Estado. El asunto es saber si son las fuerzas del mercado las que van a conducir al Estado y a la moneda, como lo hicieron durante la dictadura militar y en los noventa, o si lo va a hacer el Pueblo, para alcanzar la justicia social y el pleno empleo. Para mí eso es el peronismo. El fundamento del peronismo, lo que nos da la razón de ser, lo que nos da sentido y fuerza es alcanzar el pleno empleo, hasta que no lo hayamos alcanzado no vamos a ver ganada la batalla.

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